Educación

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>A modo de diagnóstico

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>El comienzo del siglo XXI nos encuentra con una Educación en medio de una tormenta. Esta situación se ve en toda Iberoamérica, pero se acentúa en Argentina, particularmente en la Provincia de San Luis.

¡Se acabó el socialismo real! ¿Murieron las utopías? ¿Tiene sentido luchar por un mundo mejor? ¿Para qué educarnos? ¿Para qué educar? Los mensajes que vienen desde los valores asumidos por toda la sociedad parecen invitarnos a la búsqueda de una perpetua diversión, a consumir como un mandato supremo, a la superficialidad como estilo de vida y a una estupidez militante.

¿Para que esforzarnos en aprender? La escuela no es más una garantía, no es un trampolín para subir en la escala social ¿Es reconocida socialmente una persona por ser sabia? ¿O por aparecer en la tele? Y además, ¿Quién aparece en la televisión?

La televisión cumple un rol esencial en este contexto, nos ha formateado, hemos sido preparado para su uso, convirtiéndonos en seres con dificultades para cualquier deducción, moviéndonos al impulso de las manipulaciones de lo sensible. Por eso me queda una pregunta, al ver el enorme grado de sofistificación a que ha llegado la artillería publicitaria ¿Qué valores asume una sociedad que ha naturalizado que se gaste tanto por cada segundo de publicidad comercial, mientras que para la televisión educativa solo haya modestos recursos? ¿Son más importantes los intereses comerciales que el bien común?

Ciertamente el contexto social en el que se desenvuelven las escuelas no es favorable, tenemos viento en contra, y la ola conservadora opera como lastre, para que se cambie lo superficial, para que todo quede igual.

En Argentina se observa una dramática caída del rendimiento escolar. Las evaluaciones internacionales que lo miden, y que tienden a mostrar estabilidad en un “ranking de países”, muestra la decadencia del sistema educativo argentino, y San Luis es parte de ese proceso.

Las escuelas de la provincia se muestran como barcos aislados sin rumbo claro, y no forman parte de una flota. El nivel central de conducción actúa como un bombero apagando incendios, siempre detrás de los acontecimientos, no conoce cuales son las prioridades educativas, ya que estas parecen surgir de fantasías postmodernas de la familia gobernante, y no de un trasparente consenso.

Por otra parte, muchos docentes se han quedado sin fuerzas, con la ilusión perdida. El “síndrome del docente quemado” ha hecho estragos y se quieren jubilar en plena etapa productiva. Todo esto sucede a la vista de las autoridades políticas, y la indiferencia es la respuesta.

Socialmente, en numerosas oportunidades “ir a la escuela” no es más que eso, y la exigencia, en el mejor de los casos, es la acreditación. Se pregunta a los hijos “¿Cuánto te sacaste?” y no “¿Qué aprendiste?” y cada vez más, las carreras de formación docente, resultan menos atractivas. Son pocos los que se deciden afrontarlas.

Y siguiendo con los aprendizajes ¿Cuánto han contribuido las escuelas para formar ciudadanos plenos? El ejercicio de una ciudadanía sana implica la búsqueda de trasparencia, rechazando la corrupción. Supone también la valorización de principios tales como la independencia de los poderes del Estado, la periodicidad de funciones, la publicidad de los actos de gobierno etc.

La falta de aprendizaje perjudica en especial a los alumnos que provienen de familias con menor capital cultural, sin los hábitos que permiten la adquisición de nuevas competencias, y todo lleva a una enorme inequidad.

No existe intención de dotar a las escuelas más necesitadas, de elementos, como una doble jornada. Se ha naturalizado la inequidad, y existen “escuelas pobres para pobres”. De esta manera se reproducen y legitiman las diferencias sociales manteniendo el sistema opresivo. Para muchos, la escuela es el lugar donde mandar a los jóvenes, para que “no anden por ahí, drogándose y robando”.

Vivimos en un mundo que cambia, y es imprescindible una completa alfabetización para lograr una ciudadanía plena. Alfabetización en sentido freireano, que me permita entender los mensajes escrito y lograr hacerme entender, también la audiovisual, para darme cuenta de las manipulaciones mediáticas, la alfabetización científica, para saber hacer preguntas, la política, para comprender y participar, la digital, para reconocer la información adecuada, y ¿Qué aporta la escuela para todo esto?

Con respecto a los docentes, socialmente y desde las áreas gubernamentales, se pide “profesionalización”, entendiendo que esto significa que los saberes docentes deben estar fundados en la ciencia, no en un mero empirismo, pero desde amplios sectores sociales se desprecia la tarea. Lo observamos en la poca demanda que tienen las carreras de formación docente. Además desde el gobierno se agrede a la profesionalización, no solo porque los bajos salarios invitan a no ingresar a la docencia, sino también impide que sean los docentes quienes establezcan los que están en condiciones de acceder a la docencia.

Una característica de las profesiones, es la capacidad de decidir quienes ingresan a ella. De esa manera, son los médicos quienes otorgan la matrícula, avalando a los profesionales, otro tanto sucede con abogados, ingenieros etc. Con los docentes esto no sucede, en San Luis, durante mucho tiempo las Juntas de Clasificación estuvieron intervenidas, y cuando esto no sucedió, el Ejecutivo Provincial se encargaba de establecer capacitaciones con puntajes excesivos estableciendo de esta manera una falsa meritocracia, muy alejada de lo que se considera “formación permanente”

Ante todo esto, el gobierno de la provincia mantiene una actitud confrontativa con los docentes, baja el presupuesto salarial, inventa alucinados instrumentos, que con el nombre de “Escuelas digitales” supuestamente lograrán lo que ahora no se logra, e intenta conservar un modelo que le ayudó a mantenerse en el poder desde hace casi treinta años.

No es intención de este artículo responder a la pregunta ¿Qué hacer?, que lo haré en los próximos, solamente digo que es necesario una firme actitud gubernamental en pro de la equidad y calidad educativa, con escuelas que tengan profunda vocación alfabetizadora, pero no es suficiente, para ello la sociedad toda debe asumir una nueva “Cultura de la Educación”. Dejo entonces una pregunta, la Educación ¿Necesita una nueva capa de pintura o un cambio estructural?

Written by albertoch

26 noviembre, 2010 a 18:58

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