Educación

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Archive for enero 2011

>Tragedia educativa Argentina

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>JAIM ETCHEVERRY, Guillermo. La Tragedia Educativa.
Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 1999,231 p.

Guillermo Jaim Etcheverry en su libro La Tragedia Educativa realiza un análisis del estado cultural de la sociedad argentina y su reflejo en las instituciones educativas. El título del libro es contundente respecto de la opinión del autor sobre la realidad educativa. Esta es analizada a partir de una amplia exposición de citas de reconocidos científicos, empresarios, escritores, humanistas; de datos estadísticos y de ejemplos que fundamentan claramente su posición.

Guillermo Jaim Etcheverry es médico, docente e investigador. Se recibió en la Universidad de Buenos Aires y, actualmente, es especialista en neurobiología y profesor titular de Biología Celular e Histología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Fue decano de esta facultad entre 1986 y 1990. Desde 1971 es miembro de la Carrera del Investigador Científico del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).

Una razón de importancia que fundamenta el título de la obra es que los niños y jóvenes argentinos no aprenden en las instituciones educativas. Esta es la “tragedia educativa”, Así, en el primer capítulo, titulado “La situación actual de la educación: actitudes sociales y realidades económicas”, el autor despliega una importante cantidad de
datos estadísticos que reflejan el bajo rendimiento académico de los jóvenes argentinos. Por ejemplo que en 1998, el 84% de los 1727 alumnos examinados, en la Facultad de Medicina de la Universidad de La Plata, no logró responder ninguna pregunta y un solo alumno alcanzó a contestar la mitad del examen (p. 25).

Las razones que conducen a esta tragedia están enmarcadas en una serie de situaciones sociales, culturales y económicas de la realidad actual argentina.

Una de esas causas es el escaso valor que los actores sociales involucrados en esa realidad (dirigentes, políticos, padres, alumnos, etc.) dan a la educación. Al respecto el autor afirma: Muy posiblemente, el descuido de la educación por parte de la dirigencia social así como el descenso experimentado por el rendimiento académico de los niños y jóvenes reflejan una profunda modificación en las expectativas que la sociedad deposita en la escuela (p. 45). La sociedad argentina en general no valora el conocimiento y exige poco de las instituciones educativas. Esta conclusión es fundamentada a partir de diferentes datos. Por ejemplo comparaciones estadísticas con otros países como Japón. En Argentina el 80% de los padres está satisfecho con la educación que reciben sus hijos mientras que en Japón sólo el 35%. Otra razón de peso que fundamenta esta hipótesis es el escaso porcentaje del Producto Bruto Interno que la Argentina dedica a su educación primaria y secundaria en comparación con los países de la OCDE.

Otro aspecto a tener en cuenta en las causas de esta “tragedia educativa” , son los valores sociales transmitidos por los adultos y , especialmente, a través de los medios masivos de comunicación a cuyos productores los denomina “los verdaderos pedagogos nacionales”. Ante esta situación el autor alerta sobre el peligro de extinción de la escuela como institución. En este sentido una idea central del texto La Tragedia Educativa es la escasa significación social que la sociedad brinda a la Escuela. Sin embargo, es importante contrastar esta impresión con los datos del Informe Argentino de Desarrollo Humano 1998. Este refleja una investigación realizada por 30 universidades nacionales, en la que entre una de sus conclusiones afirma que los argentinos le asignan a la escuela un valor central en la construcción del futuro.

En el capítulo segundo titulado “La sociedad ante la escuela:
“Expectativas en medio de conflictivas tendencias culturales” el autor caracteriza las circunstancias socio-culturales en que están inmersas las instituciones educativas y, especialmente, los niños y jóvenes de hoy. Al respecto el autor afirma: Con un olfato entrenado para detectar la hipocresía, los jóvenes leen con gran agudeza las señales que envía el mundo en el que deberán vivir. Siguen con gran dedicación las enseñanzas de sus maestros en ese mundo, los verdaderos pedagogos nacionales: la televisión, la publicidad, el cine, el deporte, la música popular, la política y todo lo que entra en los espacios de celebridad que ellos definen. Lo que los chicos saben es lo que los mayores les enseñamos con el ejemplo (p. 60).

Esta realidad socio-cultural conduce al autor a afirmar que la tragedia se aloja entre las paredes de nuestras casas y refleja fielmente nuestros valores (p. 65). Hoy los jóvenes están inmersos en la incertidumbre y angustiados por el desempleo, la violencia, el temor al SIDA, la crisis familiar y educativa, el consumo desenfrenado, la banalización de las costumbres, etc. La tragedia se aloja en la sociedad en su conjunto y la escuela es sólo su reflejo.

La propuesta del autor a esta realidad se sintetiza en palabras como: Habrá que reconocer que estamos en deuda con la mayoría de nuestros jóvenes (…) sólo asumiendo nuestra responsabilidad de adultos, proponiendo a los jóvenes modelos de conducta diferentes de los tan lamentables que les mostramos (…) podremos intentar que recuperen el sentido perdido de sus vidas ( p.68).

Guillermo Jaim Etchverry, paralelamente a este “enseñar con el ejemplo”, propone “volver” a la cultura del esfuerzo. Todo aprendizaje supone dificultades y su superación demanda sacrificios. Esta noción del aprendizaje se ha ido perdiendo porque tratamos de engañar a los niños y jóvenes (y engañamos) simulando que aprender es lo mismo que ir al cine o sentarse frente a la pantalla del televisor (p. 99). Por esta razón el lenguaje se ha simplificado y emprobrecido, la imagen ha desplazado por completo a la palabra surgiendo el homo videns descripto por Sartori. Así el culto de la imagen está represtigiando lo irracional y se deteriora la capacidad de pensar. El autor propone volver a la cultura escrita (p. 104) Y para ello defiende a ultranza el uso del libro y la práctica de la lectura en las escuelas.

La dicotomía planteada por el autor, referida a la imagen versus la cultura escrita, remite a otras polémicas tecnológicas del aula como la pizarra o pizarrín (utilizada por cada alumno hasta la década de 1930) versus el papel. Esta polémica se extendió desde fines del siglo XIX hasta la década del 40 del siglo XX. Al respecto Silvina Gvirtz afirma” …la institución escolar se organiza en función de ciertos límites, en este caso impuestos por el desarrollo tecnológico (…) en función de estos límites, la escuela organiza de un modo particular los recursos con los que cuenta y los reorganiza a medida que se presentan nuevas posibilidades” . Cabría plantearse, entonces, nuevos modos de organización del trabajo escolar que incluya junto al libro y a la lectura, el análisis crítico de la imagen y del lenguaje transmitido por los medios tecnológicos que invaden los hogares diariamente.

Así el autor propone, frente al avance tecnológico, ejercitar la creatividad y la capacidad de pensar y de relacionar conceptos para que los niños y jóvenes puedan establecer conexiones y juicios críticos frente al inagotable caudal de información procedente de diversas fuentes.

En el capítulo III ” ¿Hacia dónde parece orientarse la educación? ” el autor realiza un análisis crítico de la educación utilitaria relacionada con el trabajo y la obtención de un beneficio económico. Así la preocupación central de nuestra sociedad es que lo que aprenden los jóvenes les “sirva”. Y pronto (p.86). La cultura humanista, la transmisión de valores sociales y tradiciones culturales se ha perdido como objetivo de la educación. Esto se contrapone con el interés de empresarios, como el presidente de IBM, que reclama empleados que sepan leer, calcular, comunicarse y, sobre todo, pensar.

Por otro lado, el aumento de profesionales humanistas dedicados El tareas gerenciales y el ejemplo de universidades europeas, dedicadas a la formación de grado y posgrado en administración de empresas, que estimulan a sus alumnos a realizar cursos de filosofía, contribuyen a fundamentar la hipótesis del autor de complementar la formación técnica-profesional con la humanista.

En el marco de esta educación utilitaria, los medios tecnológicos (computación, videos, Internet) son imprescindibles. Sin embargo, el autor considera que el eje del trabajo escolar sigue siendo el maestro y que el mayor número de computadoras en las aulas no indica un mayor nivel de rendimiento. Un caso que ilustra este hecho es Japón que tiene uno de los mejores niveles en matemática y es el país que menos computadoras tiene en las aulas escolares. El autor al respecto afirma: Parecería haberse perdido el sentido de la proporción, pues, si bien la tecnología puede contribuir con herramientas interesantes al aprendizaje, el motor central del aula sigue siendo un buen maestro, encargado de dar testimonio del valor humano del conocer (p.113).

Continuando con la propuesta, en el capítulo IV titulado “Una misión revolucionaria para la escuela: baluarte de la resistencia de lo humano”, el autor amplía y explicita su propuesta educativa. Confiesa su temor a la pérdida de la escuela como uno de los escasos ámbitos de transmisión del entusiasmo y el respeto por el conocimiento, para desarrollar y fortalecer la razón; esta es la tragedia educativa. Para que esto no suceda es necesario educar en: la transmisión de valores culturales y sociales a partir del ejemplo de los maestros, centro de la enseñanza; el cultivo de la disciplina y el esfuerzo; la escuela como baluarte de la lengua y de la cultura escrita; el uso de la lógica, para esto último propone el retorno al estudio del latín y el griego; aprender a discernir, a pensar y a elegir ante el caudal de información que a diario llega a los jóvenes y niños, etc.

La tragedia no es sólo educativa, es también moral. Así el autor caracteriza a los jóvenes de hoy: Esos jóvenes en su mayoría, son buenas personas y, a pesar de un escaso entrenamiento religioso y un débil liderazgo moral, practican sus sentimientos compasivos. Pero desde el punto de vista cultural y conceptual viven en una niebla moral. (…) Son muchos los jóvenes incapaces de efectuar juicios morales, lo que se debe a que se está perdiendo la noción misma de verdades morales objetivas. (p. 186). Guillermo Jaim Etcheverry opina que la confusión moral se debe a la falta de una educación adecuada y propone educar aspectos conceptuales relacionados con la moral enmarcados en el “conservacionismo moral”.

En el “Epílogo”, el autor sintetiza una serie de propuestas. Entre éstas se encuentran: elaborar un nuevo contrato educativo en el que se privilegie el conocimiento; vencer la tendencia a cercenar la función del Estado respecto de la Educación para no ser sustituido por las fuerzas del mercado; profundizar la función de la escuela como institución capacitadora del aprendizaje de la democracia, de la libertad y de la conciencia ciudadana; y rescatar la figura del maestro como motor central del mejoramiento de la educación.

En síntesis, Guillermo Jaim Etcheverry realiza una diagnosis de las tendencias sociales que dan el marco a la experiencia escolar y las estrategias que se insinúan para realizar transformaciones educativas. Finalmente, expone ciertos criterios que deberían ser tenidos en cuenta para dicha transformación. El lenguaje utilizado es claro y directo, los textos contienen sobreabundante información extraída de las principales figuras e instituciones argentinas, americanas y europeas. Así el autor desarrolla y fundamenta su hipótesis de la tragedia educativa, espejo de la tragedia social.

Es conveniente extender la visión del contexto social dada por Etcheverry a partir de un abordaje multidimensional y procesual de la dinámica social. Esto posibilita ampliar el enfoque de análisis y vencer la dicotomía que trasluce el libro. Esta dicotomía se evidencia en la nostalgia por un pasado de oro tanto educativo como socio- cultural. Desde un abordaje holístico, Augusto Pérez Lindo 3 plantea que lo que estamos viviendo es una “redefinición de los códigos de civilización subyacentes” que determina una reelaboración de las ideas que una cultura tiene sobre diversas temáticas como la vida, la educación, la muerte, etc.

En esta “redefinición” las posturas conservadores se afirman y los nuevos paradigmas no se precisan con claridad. Sin justificar esta “tragedia educativa”, cuyos datos extraídos de serias estadísticas nacionales e internacionales y del sentido común son más que evidentes, es imprescindible ubicarla en contextos más amplios de análisis para orientar significativamente y con respuestas adecuadas a estos tiempos, las propuestas educativas.

Siguiendo este análisis es importante establecer diferencias entre las políticas públicas argentinas referidas a educación y las características del contexto socio-educativo. En cuanto a las primeras es innegable que existe una disminución presupuestaria tal como lo expone Jaim Etcheverry: De acuerdo con las cifras oficiales, la Argentina dedicó, en 1996, el 2,9% de su PBI a financiar la educación primaria y secundaria y el 0,7% a la educación universitaria. En los países de la OCDE los porcentajes correspondientes son el 3,7% y el 1,5% (p.30).

Por otro lado, el contexto socio-educativo caracterizado por Jaim Etcheverry es analizado a partir de los efectos. Esto aumenta el grado de la tragedia si no advertimos y complementamos este análisis desde otros enfoques que permitan una visión global de la temática tratada. Por esta razón, el libro de Jaim Etcheverryes una alerta de los efectos que una época de crisis profunda en todos los ámbitos del sistema, provocan en el sistema socio-educativo.

Autora
Fabiana Mastrangelo

Written by albertoch

22 enero, 2011 at 13:12

>Problemas en el sector educativo

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>En una entrevista a Rosa María Torres del Castillo, Ecuatoriana. Pedagoga, lingüista, periodista educativa, activista social, se le pregunta sobre los problemas en el sector educativo. Su respuesta está referida al contexto ecuatoriano, pero es válida también para el de la provincia de San Luis y al de la Argentina toda

¿Qué problemas identifica en el sector educativo?
Muchos, todos de largo arrastre y de larga resolución. La oferta educativa en el país es una de las más deficientes en América Latina. Esto está a la vista y así lo ratifican las evaluaciones nacionales e internacionales. Las deficiencias no son atribuibles solo al sistema escolar sino a la sociedad como un todo, a la cultura política, los medios de información, la sociedad civil. Revisar el currículo prescrito es importante, pero son los docentes quienes plasman el currículo real. Sigue enquistada una vieja pedagogía escolar, social y política que responde a prejuicios más que a conocimiento, y que es antidemocrática. Es preciso poner en el centro a los docentes, pero trabajar simultáneamente con las familias y con toda la sociedad.

Como dice Torres, las deficiencias del sector no son solo atribuibles al Sistema Educativo, están enraizados con los valores que asume la sociedad en su conjunto. Por otra parte señala las “viejas pedagogías”, que deben ser reemplazadas por otras más activas y críticas, que de a los alumnos las herramientas que necesita para comprender mejor al mundo que les toca vivir.

Además de los problemas mencionados, en San Luis tenemos otros, derivados del carácter postmodernista y conservador del gobierno local. La clara tendencia hacia la mercantilización de los servicios educativos, la permanente confrontación con los docentes, que no les resultan dóciles políticamente, la falta de prioridades educativas consensuadas, que permiten la aparición de proyectos nefastos como los de las “Escuelas digitales” entre otros, hacen que sea acá más dura la “Tragedia educativa Argentina”

Written by albertoch

16 enero, 2011 at 13:03

>La escuela que necesitamos para la segunda década del S XXI

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>La escuela debe cambiar. En esto parece haber unanimidad. Pero ¿Cómo? ¿Para qué? Y además ¿A quién le importa la Educación? Todos declaman, pero…

Se anuncia que habrá 190 días de clase en el 2011, pero en el año anterior, en San Luis, Argentina, un alumno del secundario, en promedio recibió menos de 100 días en el 2010 (me refiero a las clases que efectivamente asistió). A nadie le llama la atención, tal vez porque “pasó el año”, no importa como.

Traigo entonces, unas frases de Pablo Gentili, que describen el panorama:
La educación no es, ni nunca ha sido una, “meta social” en América Latina …
creo que afirmar que, en nuestra región, hay un “consenso” acerca de las virtudes y de los beneficios que ofrece la educación y, como si esto fuera poco, que dicho “consenso” tiene los atributos de ser “generalizado” no es más que una bondadosa expresión de deseos que, ésta sí, parece estar en contradicción con la realidad social latinoamericana. Dicho en otros términos, lo que parece contraponerse a la realidad latinoamericana no es que haya un desajuste entre el noble deseo de que todos los jóvenes frecuenten las escuelas y la persistencia de factores que los alejan de ellas; sino, más bien, la idea de que, en nuestros países, todos compartimos esta justa aspiración democrática…
La educación no “interesa” a todos de la misma forma. Y ese es el problema. Ponernos de acuerdo será una cuestión de fuerza, de poder. El resto, es mera ilusión

En este marco, para que tengamos una mejor convivencia democrática y educación para las nuevas generaciones ¿Qué escuela necesitamos? O mejor dicho ¿Por qué escuela tenemos que luchar? Esta provincia se caracteriza por la desigualdad de la distribución en los bienes económicos y culturales y su afán conservador lleva a que aparezcan como invisibles muchos fenómenos.

Empezando de afuera hacia adentro, necesitamos otro contexto para las escuelas, donde se de más importancia a los aprendizajes. No estoy de acuerdo con los que dicen que estamos en una “Sociedad del conocimiento”, pero si con la idea que buena parte del “sentido común”, puede elaborarse en las escuelas.

Las escuelas deben ser abiertas, con capacidad de aceptar la participación de todos los miembros de la comunidad, cada cual cumpliendo el rol que le corresponde. Debe tener docentes con reconocimiento social, que se desempeñen en un ambiente con la menor dosis de estrés y donde la violencia tienda a desaparecer.

La escuela debe ser fundamentalmente alfabetizadora, atendiendo a las múltiples variantes que la época exige. Alfabetizar no significa recurrir a lo elemental, rudimentario, sino, como Paulo Freire dice:
Mi visión de la alfabetización va más allá del ba, be, bi, bo, bu. Porque implica una comprensión crítica de la realidad social, política y económica en la que está el alfabetizado

Es necesario entonces, hablar de alfabetización política, audiovisual y cientiífica.

Alfabetización política
En toda sociedad democrática se necesita la participación activa de los miembros de la comunidad, si no se consigue esto, se deteriora profundamente la calidad de la democracia, y como dice Bretch:
“El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de los garbanzos, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales”.

Entonces, la escuela debe promover todo tipo de participación y compromiso, debiendo ser esta alfabetización, un contenido transversal, y como afirma M R Torres:
La participación, para convertirse en instrumento de desarrollo, empoderamiento y equidad social, debe ser significativa y auténtica, involucrar a todos los actores, diferenciando pero sincronizando sus roles, y darse en los diversos ámbitos y dimensiones de lo educativo: desde el aula de clase hasta la política educativa, dentro de la educación escolar y también de la extra-escolar, en los aspectos administrativos y también en los relacionados con la enseñanza y el aprendizaje, a nivel local así como a nivel nacional y global. Esto implica el estudio, la definición y puesta en marcha de una estrategia de participación social imbricada dentro de la propia política educativa…

Alfabetización audiovisual
Vivimos en un “mundo audiovisual”, permanentemente nos bombardean consignas, que provocan necesidades que antes no existían. Una sofisticada ingeniería de la propaganda nos hace carne de intereses de los dueños de las cosas. Como afirma Aquilina Fueyo Gutiérrez
Los medios audiovisuales configuran, en buena parte, la cultura en el momento actual. La explosión de la información, la saturación de medios, su acceso a los dominios privados de las personas, la publicidad articulando las esferas mediáticas y del consumo, etc. constituyen un flujo de significadores que llueven sobre niños, jóvenes y adultos… generan una “pedagogía cultural” que es más significativa y mucho más eficaz que la que se desarrolla en los contextos educativos tradicionales…
El currículum escolar ha dejado de monopolizar la función de transmisión cultural que tuvo en el sistema escolar. La escuela se ve de este modo, relegada a la función de custodia que todavía sigue siendo importante, pero los saberes socialmente relevantes como los idiomas modernos, la formación informática, la divulgación científica, etc. se adquieren en muchos casos fuera del currículum académico y en clara competencia con él.

Vemos que en los medios se libra la gran batalla por establecer los conceptos socialmente dominantes. Permanentemente somos objeto de “campañas de prensa”, bombardeados por mensajes que nos llevan a actuar de una determinada manera, y a naturalizar conductas, que no siempre se condicen con nuestros intereses.

Lo cierto es que, en una sociedad con opresores y oprimidos, los mecanismos sobre los cuales se asienta esta relación están ahora en el campo cultural, y no sobre el cuerpo humano. Frente a las profundas desigualdades, se trata que sean aceptadas mediante acciones sobre la cultura, sin llegar a la violencia física.

Alfabetización audiovisual crítica: una alternativa al poder del currículum cultural de los medios
Siguiendo con Aquilina Fueyo Gutiérrez
Una comprensión crítica de la cultura de los medios requiere que los estudiantes desarrollen la capacidad para interpretar los significados de los medios y que comprendan de qué manera consumen y se implican afectivamente con ellos. El trabajo en esta dirección serviría para estimular el pensamiento y la autonomía crítica mediante el autoanálisis, al facilitar que los estudiantes tengan la posibilidad de darse cuenta de que las decisiones que toman no siempre son libres y racionales, sino que la mayor parte de las veces están codificadas y registradas por compromisos emocionales previos relacionados con la producción de deseo.

Propone como trabajo en las escuelas:
a) La producción de mensajes audiovisuales alternativos por parte de los jóvenes.
Otro de los ejes de cualquier proceso de alfabetización audiovisual debe ser el desarrollo de actividades mediante las que los estudiantes elaboren informaciones con medios de comunicación. Estas informaciones deberían ir encaminadas a la creación de “contranarrativas” que rescaten lo silenciado y pongan de manifiesto lo estereotipado, deformado y simplificado en los “textos” de los medios.

b) El papel de los textos que circulan por los nuevos medios. La alfabetización para la lectura crítica en Internet.
Las representaciones audiovisuales que se distribuyen a través de Internet son un punto de referencia importante en la alfabetización, tanto porque Internet se está empezando a configurar como un medio de difusión masiva, como por su papel de medio que aún ofrece espacio para crear ciertas representaciones alternativas.

La alfabetización científica
La disponibilidad cada vez mayor de información sobre todo lo que nos rodea generó una tendencia en el mundo que ya plantea que la educación científica es un nuevo derecho social.

“La alfabetización del siglo XXI incluye ciencia y tecnología, y no estamos hablando de la educación para seguir carreras científicas, sino de la alfabetización básica de todo ciudadano para entender ciencia y tecnología. Esa es la entrada al futuro”, dice Nora Sabelli.

Es necesario conocer cómo funcionan las ciencias, sus métodos y limitaciones, y reconocer las seudo ciencias y todo tipo de pensamiento mágico. Vivimos rodeados de productos de las ciencias y tecnologías. La biología que tengo que conocer es la que necesito para hacerle preguntas a mi médico. La física que necesito saber es la que me sirve para hablar con el mecánico de mi auto.

Añade Sabelli: “Para lograrlo, no basta con entregarles computadoras a los alumnos. Es necesaria también una preparación docente, que no esté separada de la universidad, y orientada a ayudar al alumno a analizar un problema y hallar la solución. Todo junto con un plan piloto previo a la implementación del programa educativo final”.

Resumen
Los cambios señalados en esta primera parte, ayudarán a los habitantes para una mejor convivencia social. La responsabilidad del proceso cae en la sociedad toda, que debe asumir la importancia de la educación, debe evaluar y controlar las políticas educativas, y ser parte de cada una de las escuelas.

Written by albertoch

14 enero, 2011 at 9:55